Empezó como una búsqueda personal.
Llevo toda la vida con perros, y toda la vida buscando lo mismo: una correa que no se vea barata a los tres meses, un collar que aguante un fin de semana en la sierra, una placa que no se borre con la primera lluvia. Casi nada.
Viajé para entender cómo lo hacían los que sí lo hacían bien. Londres, Tokio, Berlín, Nueva York. Traje muestras de cuero, fotos de hebillas, ideas, y la certeza de que esto se podía hacer aquí.
Ragnarin nació de ahí. De querer un collar que se sienta sólido al tocarlo, una correa que aguante seis temporadas y un perro al que se le note que lo cuidan.
Leer la historia completa